Blades (1.0.D)

Dublín (1980–1986). Paul Cleary voz, guitarra; Brian Foley bajo; Jake Reilly batería. Blades

Más tarde fueron catalogados como una banda mod, pero los Blades surgieron del caldero punk de 1977, en Ringsend, al sur de Dublín. Con Cleary al bajo, su hermano Lar a la guitarra y Pat Larkin a la batería, se hicieron un nombre con una serie de broncos conciertos en el bar Magnet. Incluso en esa primera época, sus explícitos orígenes obreros y su integridad los desmarcaban del elíptico art—rock de U2 o los Atrix. “Probablemente jugamos demasiado a esa carta, aunque ¿porqué no?”, dice Cleary, “Había demasiada pose de gente que debiera conocer mejor sus supuestas credenciales de clase obrera. Lo nuestro era auténtico; era lo que nos impulsaba en 1977. Pensábamos: "Todas esas bandas son falsas, puro teatro, no hay nadie escribiendo canciones pop decentes". En 1978, tocando en el Magnet, sentías que eras parte de un movimiento. Era hora de que se expresaran los no–músicos y también los chavales de clase obrera. No éramos ningunos privilegiados, así que tuvimos que hacernos un hueco. Estábamos muy orgullosos de conseguirlo por nosotros mismos”.
Un efímero trato con el sello Energy siguió a cambios en la formación, entrando una sección de metales en homenaje a la Stax, la Motown y los DEXY’S MIDNIGHT RUNNERS. Fue esta formación la que produjo “Downmarket”, posiblemente su mejor momento. Con un tono desafiante y dolido, capturaba el Dublín de 1980 en toda su sombría, fatalista, solidaridad. Políticos sin sermonear, fogosos sin resultar trillados, los Blades tenían, a mediados de 1980, una fanática base de seguidores.
Firmaron un trato de 100.000 dólares con el sello americano Electra, después de que Andrew Loog Oldham, el A&R y antiguo manager de los Rolling Stones, los viera en el festival de Lisdoonvarna. Su álbum de debut, “The Last Man in Europe”, se grabó en 1984 con el productor John Porter, de los Smiths. En un ambiente que había hecho estrellas a gente como PAUL WELLER o Billy Bragg, Cleary parecía el próximo en saltar a la fama, pero la banda acabó en el limbo. Elektra pasó del álbum una vez grabado; solo salió una edición irlandesa a través del sub-sello Reekus. Habiendo creado a los Blades como una alternativa a la inflada escena rock dublinesa, Cleary padeció la misma indiferencia discográfica que hundió a los imitadores de U2.
La forma en que ocurrió todo aún me revuelve el estómago”, dice. “Creo que el acuerdo mismo ya era algo extraño. Contrataron a Andrew Oldham para apalabrar en un año a cinco bandas de todo el mundo, y nos fichó a toda prisa. Demasiado fácil. Cuando grabamos el disco descubrí que Elektra tenía poco o ningún interés en publicarlo. Empezamos a oír cosas sobre cambios de personal en la compañía, y cuando eso sucede estás listo. El mayor desengaño fue perder ese contrato de grabación: todo se esfumó de repente. En parte yo fui el responsable porque debería haberlo dejado todo en ese preciso instante, pero me dije que debíamos intentarlo de nuevo”.
El grupo se mantuvo hasta 1986, sacando la diversa y satisfactoria retrospectiva “Raytown Revisited”. Su gran gesto final fue rechazar aparecer en el festival Self–Aid de 1986. A Cleary le jodía especialmente que la cabeza de cartel, Christy Moore, fuese una de sus antiguas teloneras.
Al final, el desgaste de las giras lo hundió, hasta le molestaba su fama local. “Pensé que tal vez el anonimato no fuera tan mal asunto”, comenta. En 1989, Cleary abandona totalmente el rock’n’roll, y se dedica a escribir sintonías y preguntas para concursos televisivos. Tras doce años componiendo, da la espalda a su talento. “Me sentía muy negativo”, dice, “escuchas a otros compositores fracasados, entre comillas, y te metes en un círculo en el que primero dejas de escuchar música contemporánea y después te amargas. Parece que hayas dado quince años de tu vida por nada. Di el cerrojazo y me dije que hasta ahí había llegado. Pero, gradualmente, se acaba imponiendo tu propia identidad. Dejas de culpar a la gente, a las discográficas o a los mánagers, y se acaban las puñetas. Te das cuenta de que de cada cien grupos sólo uno lo consigue. Es como con los futbolistas: por cada Messi hay 99 Paul Clearys que tuvieron su momento sin que llegaran a más”. Pese a quedar en buenos términos con Foley y Reilly, no se plantea una reunión de los Blades ni tampoco actuaciones en solitario. “Soy reluctante a ir escupiendo mi angst de cuarentón”, explica con una declaración típica. Por la empatía y el espíritu de su música, siempre se ha mantenido lejos de la nostalgia sentimental, pero él mismo admite que su pasado es digno de ser revisado. “Tengo sentimientos encontrados acerca de todo aquello. Por supuesto, me hubiera encantado tener más éxito, pero sabe Dios cómo habría acabado. A veces, miro hacia atrás y aborrezco incluso el haberlo hecho. Otras veces, todo me parece bastante bien; hay un cuerpo de trabajo ahí, canciones que aún se sostienen. Al menos, dejé mi marca”.