Acid Jazz

¡Oh sí, es un trabajo sucio pero alguien tenía que hacerlo: hoy un breve y vitriólico repaso al Acid Jazz y su nexo con el Mod Revival!

El término "Acid Jazz" es un invento del DJ, locutor de radio y fanático del Jazz Gilles Peterson, quien, en plena fiebre pastillera por el Acid House, empezó a denominar así de humorísticamente sus sesiones "Talkin' Loud" por los pequeños clubes del underground jazzístico londinense. La etiqueta y el estilo tuvieron un éxito inmediato.
Gilles Peterson

Estaba cantado: la ascensión imparable de la música de baile electrónica demandaba un contrapeso, digamos, "orgánico" para un importante segmento del público que tenía que acudir forzosamente a las discotecas para divertirse, alienado por tanto maquinillo. Lo más lógico es que ese estilo "orgánico" hubiera sido alguna derivación de la Disco Music, pero ésta estaba demasiado cercana en el tiempo como para que su intrínseca horterez fuera considerada un valor añadido, aparte de su evidente nexo genético con propio el House. (Pasados veinte años, las cosas han cambiado y en muchísimos ambientes se considera que el Disco mola. Nosotros seguimos en el "Disco Sucks!", qué le vamos a hacer).
El uso que Peterson hacía de las modernas técnicas de DJ, mezclando Hip-Hop con rare grooves, recónditos clásicos del Funk y el Jazz-Fusion más bailable de principios de los setenta, cubría esa demanda a la perfección: era bailable, se basaba en música no generada por máquinas (perdonad el contrasentido) y, encima, gozaba de ese etéreo prestigio intelectual que acompaña a cualquier estilo musical que lleve la partícula "jazz" en su denominación.

Eddie Piller

Paralelamente, la confluencia de otras dos personalidades que intentaban alejarse deseperadamente del marasmo del Mod Revival y sus estereotipos acabó por dar forma al Acid Jazz. Hablamos de James Taylor y EDDIE PILLER. Éste último, rebotadísismo de sus nefastas experiencias en el negocio musical (COUNTDOWN, Re-Elect The President, etc.), estaba en misión de búsqueda y captura de algo en lo que hincar el diente (musical y comercialmente). En sus propias palabras:

"Montones de mods se pasaron al Jazz [...] Para mí, todo empezó en el Dingwalls, un mugriento, pequeño club de rock que empezó a hacer sesiones dominicales deJazz [...] Los DJ eran Gilles Peterson y Patrick Forge [...] también tocaban bandas en directo. Bucky Leo, JTQ, Mark Murphy, Galliano... montones de ellas, pero lo que realmente atraía al público era la escena y la música. Podías beber, podías bailar, mirar como otros bailaban o simplemente pasar un buen rato"

La conexión "mod" era evidente. Indiscutiblemente, la primera música mod fue el Modern Jazz y ¿qué más auténtico que volver a bailar Jazz? Además, en un curioso movimiento de "evolución en el pasado" similar al emprendido por PAUL WELLER cuando recuperó la música de Traffic, si tras el Modernismo de los sesenta vinieron los bailones pre-Disco, los Soul Boys o el NORTHERN SOUL ¿qué más auténtico que reproducir esa evolución? Como guinda, el Acid Jazz ofrecía la ventaja de liberar a los mods menos estrictos de los corsés indumentarios de la secta (no pun intended!), ofreciendo a los más pintureros un aggiornamiento a lo casual del guardarropa, algo que fue muy bien recibido.

James Taylor

Así las cosas, PILLER fundó junto a Peterson Acid Jazz Records en 1987, con la intención de dar cobertura a la escena y sacarse un pasta con la "next big thing". Uno de sus primeros fichajes fue la nueva banda del ex-PRISONERS James Taylor, el James Taylor Quartet (JTQ), cuyo management también llevaba PILLER y donde el cada vez más alopécico teclista daba rienda suelta a su fijación por los instrumentales retro basados en temas de películas y sintonías de series de televisión. Una fijación que, de alguna forma, acabó creando la pauta para el sonido característico del Acid Jazz.
Pero el "sonido del Acid Jazz" había nacido muerto. En nuestra opinión, lo único salvable de dicho estilo son los primerísimos trabajos del JTQ y de los Galliano. El resto nos parece una música muy bien interpretada, muy bien producida y absolutamente desprovista de alma. Una confortable muzak para amenizar la espera en el dentista que barajando un pastiche de músicas ya escuchadas (Jazz, SOUL, Hip-Hop, esa chorrada del "Latin"... todo bien masticadito) sólo consigue dejarte estúpidamente aburrido. Según parece, Peterson también aborrecía el descarado revivalismo del sello y, a principios de los noventa, partió peras con PILLER para fundar su propio sello, Talkin' Loud, más enfocado hacia un Jazz contemporáneo fuertemente influido por la electrónica. Otro coñazo, vamos.
EDDIE siguió adelante con el sello, publicando discos con una alarmantemente progresiva falta de credibilidad e integrándolo en una multinacional (Sony, si no estamos equivocados) hasta que, en el típico reajuste corporativo de discográfica major, le dieron la patada y tuvo que dedicarse a sus carreras paralelas de DJ, escritor y freelance del negocio de la música.
Taylor, por su parte, sigue en la brecha con su Quartet, maravillando a los acomodaticios thirty/forty-somethings que forman la audiencia potencial de "Área Reservada" en Radio 3. Esperábamos más de alguien con su currículum.
Desde una perspectiva modernista (si es que nosotros podemos adoptarla), lo mejor del Acid Jazz fueron dos recuperaciones. La del Boogaloo como música hip (¡viva el nuyorican soul! pero con reservas, si se lee el final del párrafo) y, sobre todo, la de la credibilidad de PAUL WELLER. Él, que a lo largo de los ochenta y principios de los noventa había sido objeto de la más cruel irrisión por arrojarse sin salvavidas en la Música Negra contemporánea con sus vilipendiados Style Council, de repente se encontraba saludado por primera vez como "Padrino" de una movida que saqueaba descaradamente sus hallazgos con aquel grupo. Sin duda, fue el empujón que le hacía faltaba para arrancar su dignísima (aunque repetitiva) carrera en solitario.

Para acabar, y también sin dudarlo, la herencia más nefasta del Acid Jazz es la proliferación de grupos basados en el sonido Hammond del JTQ, todas esas charangas yeyé cuyo ejemplo más perfecto son los abominables Nick Rossi Set y esos grupetes clónicos de la escudería Hammond Beat Records. Y el atorrante de Jamiroquay, claro...

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